Punto de vista de Mariana
—Levántate.
La voz de Dimitri era baja pero firme. Resonó en la oscuridad de la habitación, a través de las delgadas paredes, en el silencio que se había instalado en la casa segura en la madrugada. Ya estaba despierta. Llevaba horas despierta, tumbada, mirando al techo, repasando el plan una y otra vez hasta que cada paso, cada giro, cada posible salida se había grabado en mi memoria.
—Ya estoy despierta —dije.
Me incorporé lentamente. Sentía el cuerpo tenso. No cansa