Dimitri
"Que Michael venga aquí ahora mismo."
No esperé a que mi jefe de seguridad contestara la llamada encriptada. Simplemente colgué y arrojé el teléfono sobre el escritorio, junto a los monitores de Mariana. El indicador rojo digital en la pantalla seguía pulsando como una herida abierta en pleno centro de nuestro distrito.
Mariana se recostó en su silla, con los dedos ligeramente apoyados en el borde del teclado. No parecía asustada. Su rostro estaba completamente sereno, su mirada penetran