Entre risas Luisana terminó llegando unos cuántos pasos antes, mientras Renzo luchaba con la idea de no chocar contra ninguna rama de un árbol.
—¿Puedo preguntar que querés hacer en esta casa? —pregunta él mientras toma la botella de agua de su mochila
—Vamos a entrar —él levanta una ceja—. Es de mi tía, no se asustes que no vamos a cometer ningún delito —ella le sonríe—. Le avisé al cuidador que estaríamos hoy, así que debe estar por algún lugar de la casa.
Luisana abre el portón principal con