El aire en Uruk se volvió pesado, como si las ruinas mismas contuvieran su aliento en anticipación. El temblor que había sacudido la tierra minutos antes había dejado grietas visibles en el suelo y un eco profundo que aún resonaba en las paredes de los templos. Tarsus, emergiendo de entre las sombras, parecía formar parte de la misma oscuridad. Su figura imponente, cubierta de cicatrices que parecían grabadas por batallas antiguas, proyectaba una amenaza tangible. En su mano derecha, su espada