La lluvia persistía, cada gota cayendo con una cadencia hipnótica, llenando el aire con un murmullo constante que parecía no tener fin. Era una sinfonía de melancolía, un recordatorio del peso que cargaban. Los cuerpos exhaustos del grupo avanzaban en silencio, apenas sosteniéndose mientras seguían a Poseidón, quien lideraba el camino hacia una cueva oculta entre las rocas erosionadas.
Ethan caminaba al final, con el rostro inclinado bajo la capucha improvisada que había formado con su chaqueta