La lluvia caía en finos hilos, mezclándose con la bruma y oscureciendo la vista en el claro. Ethan permanecía inmóvil, con la mirada fija en Kael. Su postura firme proyectaba una confianza renovada, como si las pruebas que había superado hubieran forjado algo nuevo en él.
Afrodita y Poseidón no eran los únicos que lo observaban con cautela. Lyros, con su arco tenso y preparado, y Cora, con su cuerpo vibrando con la energía que apenas comenzaba a comprender, también estaban allí, listos para lo