El viento del pequeño pueblo peruano era un susurro helado, un eco de memorias que parecían haber sido borradas. Ethan se encontraba en medio de una plaza desierta, rodeado de casas cuyas puertas y ventanas estaban selladas como si quisieran contener algo. Las fachadas, aunque desgastadas por el tiempo, parecían haber presenciado algo más allá de lo humano. El cielo, antes pintado con tonos dorados por el amanecer, ahora se oscurecía mientras una sombra impenetrable avanzaba desde el horizonte,