Por Oliver
No me gustaba la idea de que ella entrara sola dentro del restaurante, no lo creía apropiado, quizás, pese al lugar que pretendía darle en mi vida, soy chapado a la antigua, o demasiado caballero.
Lo cierto es que la esperé en la acera, apoyado sobre el capot de mi auto.
Ella llegó con su llamativo deportivo Ferrari.
Frenó delante de mi auto.
-Hola, princesa.
Ella sonrió.
-Entra al estacionamiento, te sigo con mi auto.
Así lo hicimos, nuestros autos, como la otra vez, quedaron uno al