Por Oliver
Corté el llamado, que me dejó sumido en pensamientos vagos.
No quería ver el cambio en Charlotte.
Prefería verla como la mujer frívola, caprichosa y egoísta que siempre fue.
Su imagen, en distintos días en que nos encontramos, fue pasando, como una película, por mi mente, desde cuando estaba vestida de rojo furioso, peleando con el policía en medio de la calle, hasta cuando las luces de la discoteca la iluminaban, trasluciendo su vestido, ya de por sí casi transparente, brilloso y qu