Por Oliver.
A pesar del lugar, de cierta incomodidad, porque estábamos parados, con los lavabos detrás nuestro, los que usaban los niños de los colegios, y que el ambiente en sí no tenía nada de sensualidad, sin embargo, a ningunos de los dos nos importó más de lo que estábamos sintiendo.
Charlotte era una mujer espectacular, pero sobre todo, era apasionada como ninguna otra.
Desbordaba de pasión, tuvimos sexo con una vehemencia que parecía sacada de una película de adultos.
Y solamente fueron