Esa noche sentí que había perdido al hombre de mi vida, tanta lucha, tanto amor se habían ido por el caño después de todo lo que dijimos y después de que él se convirtiera en una persona sumamente violenta.
La angustia me envolvía, como si de aire me faltara, como si no pudiera respirar, pero, a pesar de la incertidumbre, trataba de recomponerme mientras Emiliano me acompañaba en silencio.
Sin darme cuenta, él se había convertido en una presencia constante en mi vida. Siempre estaba ahí, en los