El miedo había desaparecido de mí piel. Ya me encontraba en el automóvil con Emiliano, completamente inmóvil y en silencio. No comprendía del todo cómo me había encontrado tan rápido, pero agradecí que estuviera allí.
—Emiliano, ¿cómo es posible que estés aquí? —pregunté, intentando entender su actuar.
No respondió. Emiliano era un hombre que simplemente hacía las cosas porque le nacían del corazón.
—Emiliano… —volví a insistir, pero el silencio persistió.
Sin decir una palabra, tomó rumbo haci