Una mañana más. Un lunes como cualquier otro… pero esta vez sin Jacobo.
El silencio de mi departamento se sentía más pesado de lo habitual, como si las paredes mismas contuvieran la ausencia que aún no sabía cómo procesar. Me obligué a moverme, a seguir con mi rutina, como si la vida no hubiera cambiado en las últimas horas. Preparé el desayuno con algunas de las cosas que Emiliano había traído para mí, sintiendo un leve consuelo en su gesto silencioso. Vertí la leche sobre el cereal, dejando q