El dolor se extendía por mi pecho como un veneno lento, cruel. Lo que acababa de presenciar había destruido en segundos todo lo que creí haber construido con Gabriel. Sentí un vuelco en el corazón, como si alguien lo estrujara sin piedad, como si las promesas susurradas y los momentos compartidos no hubieran significado nada.
Había sido paciente. Había comprendido sus dudas, sus cicatrices, su pasado. Pero… ¿para qué? Para terminar como una tonta, pensando que él me elegiría por encima de todo.