Pasé gran parte de la noche perdida en pensamientos, atrapada en un laberinto de recuerdos y promesas vacías. Gabriel estaba a punto de casarse. Lo sabía, lo había sabido desde el principio, y aun así, ahí estaba yo, con el corazón desgarrado y la mente enredada en un amor que nunca debió florecer.
No había venido por mí. No había cruzado la distancia para revivir lo que fuimos, sino solo para saciar un deseo egoísta. ¿Acaso no lo veía? ¿Acaso no entendía el daño que me hacía con su regreso? O