Patrick no podía dejar de mirarla mientras caminaba de vuelta al castillo, sosteniendo a Amber en sus brazos. El calor de su cuerpo contra el suyo lo llenaba de una mezcla de emociones que ni siquiera él lograba controlar del todo.
Había pasado tanto tiempo buscándola, recorriendo cada rincón donde pensaba que podría esconderse, siempre al borde de la obsesión. Ahora, allí estaba ella, dormida, indefensa, y por primera vez en mucho tiempo, al alcance de sus manos.
Su mente era un torbellino. P