Cuando llegué a casa, el frío seguía envolviendo todo como un manto espeso. Mi mente no podía dejar de girar alrededor de lo que había hecho. El beso, ese impulso repentino que había cedido con Patrick, me quemaba por dentro.
¿Cómo pude haber sido tan imprudente? Me sentía abrumada, atrapada entre la gratitud por lo que hizo por mí y el peso de mis propias emociones.
El príncipe Patrick… no podía dejar de pensar en él, en cómo me miraba, en el modo en que me tocaba. Todo estaba mal, pero al m