Habían logrado llegar a una caverna secundaria, oculta tras una cascada subterránea de agua luminosa. El sonido del agua cayendo era el único ruido que rompía el silencio. Por primera vez en horas, no había espectros, ni aullidos, ni la voz venenosa de Vance persiguiéndolos.
Bryan dejó a Natalia con cuidado sobre un lecho de musgo suave que Sarah había encantado para que fuera cálido. Su cuerpo aún ardía por la sangre del Progenitor. Las vetas plateadas bajo su pelaje palpitaban como venas vivas