En aquel instante, Olivia entendió a la mala que a veces el amor no llegaba con fuegos artificiales, sino con el silencio y casi de manera tan imperceptible que rayaba en lo invisible. Supo que Killian era de los que se quedaban, pero en ese instante se preguntó si se quedaría con ella. Porque de cierto modo estuvo ahí en todas sus caídas y sus logros: cierto, de modo observador, pero a su lado, y le tendía una mano bajo la clandestinidad cuando pensaba que no iba a lograrlo. Él no solo conocía