Los ojos de Killian brillaron con una emoción desconocida, fue cuando entonces ella decidió intervenir y se acercó a él.
—También tengo derecho a divertirme teniendo sexo —le dijo bajito, y poniéndose de puntillas solo para que él escuchara, luego se alejó.
Dio media vuelta y tomó de la mano a Charles.
—Salgamos de aquí por verdadera diversión —susurró a su oído y soltó una risita traviesa.
Cuando el aire frío de la noche les dio en el rostro, Charles entrecerró su delicado rostro con sus man