Los besos de Killian eran adictivos; no podía negar que quería más y más de su sabor, de su calor y sobre todo de la manera en que la hacía sentir cuando estaba en sus brazos. Aquella sensación solo él podía dársela, al punto de que Olivia olvidaba, cuando sus labios hacían contacto, su pasado, su presente y hasta el lugar en donde se encontraba.
Sus manos estaban en todas partes, y ella de manera automática alzó las caderas en el segundo que sintió el mástil de carne que se encontraba entre