Ekaterina sonrió complacida ante la confesión del agente. Poco a poco, era como si empezara a desprenderse de aquella personalidad suya tan recta que le impedía decir lo que realmente sentía. Estaba siendo más sincero y más libertino también.
Aquel momento de sensualidad se vio interrumpido por el sonido de los pasos y voces cada vez más cerca. Al asomarse lentamente por el balcón, Ekaterina vio a dos agentes uniformados analizando los charcos de sangre en el suelo.
—Son policías —susurró cas