KAELAN
La visión frente a mí era suficiente para hacerme olvidar cualquier consejo, cualquier plan de guerra, cualquier carga de rey.
Laurenth estaba en medio del patio de entrenamiento, con un canasto de queques recién horneados en una mano y la otra acariciando el cabello revuelto de Lyra, que reía feliz mientras repartía galletas a los guerreros. La escena era tan sencilla… y sin embargo, mi pecho se llenaba de un orgullo difícil de explicar.
Los soldados, endurecidos por años de batallas, r