—Lo solucionaré. —dije a Leandro mientras volvía a recostarlo en la cama—. Tú preocúpate de descansar y mejorarte, Raquel, Alexandra y Emma no deben verte así, además, seguramente Gabriel piensa que estás muerto. —agregué—. Es mejor que se mantenga así, estoy seguro de que no sabe que estoy en la ciudad, aún.
—¿Qué harás? —preguntó mirándome minuciosamente.
Dejé mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón cerciorándome de que todo estaba a mi favor este día.
—Iré a encarar el mayor de mis miedos.