CAPÍTULO 94
Héctor sirvió a su esposa, luego a su hija y, finalmente, dejó la botella sobre la mesa, ignorando deliberadamente la copa vacía de Sebastián.
Catarina fulminó a su padre con la mirada.
— Papá —advirtió ella en un susurro cargado de reproche.
Sebastián, sin perder un ápice de su elegancia, extendió la mano con total naturalidad, tomó la botella por el cuello y se sirvió a sí mismo.
— Un excelente maridaje para la salsa de tomate, señor Soler. Agradezco que nos permita compartirlo —d