CAPÍTULO 88
La hostería que Sebastian había logrado encontrar en el centro del pueblo tras una rápida búsqueda era muy diferente a lo que estaba acostumbrado.
Sin embargo, a Sebastián no le importó la decoración, ni el ligero crujido de las tablas del suelo bajo sus zapatos de cuero. Su mente estaba anclada en una sola variable: Catarina.
Se quitó los zapatos, se aflojó aún más el cuello de la camisa y se sentó frente a un pequeño y tambaleante escritorio junto a la ventana. Sacó su computadora