Luego de charlar con mi padre, me despedí de Luzma con un beso y una promesa de volver pronto. Necesitaba tiempo y espacio para procesar todo lo que había escuchado. Conducir siempre me ayudaba a pensar, así que me subí a mi carro y comencé a recorrer las calles de la ciudad, dejándome llevar por el camino.
Finalmente, llegué a una bodega abandonada en un rincón olvidado de la ciudad. Aparqué el coche y me dirigí hacia la entrada, sintiendo la tensión aumentar con cada paso. Al entrar, me enc