Amina
Termino de despejar la mesa. Mis dedos se detienen deliberadamente en los platos, como si cada gesto debiera ser visto. Lucas me ayuda a apilar algunos vasos, pero esta vez, mantiene una ligera distancia. Quizás teme traicionarse delante de mi hermana, que se estira sonriendo antes de abandonarnos.
— Voy a trabajar un poco en la veranda —dice—. Pueden descansar, monopolizo bastante la casa así.
Le hago un gesto con la cabeza, fingiendo dulzura y despreocupación, mientras que en realidad,