Aaron
El día se alarga, largo y venenoso. Cada minuto es un peso distinto que arrastro conmigo, una reliquia del colapso. El sol que golpea las ventanas de mi oficina es una insulto. Ilumina un mundo inalterado, mientras que el mío acaba de ser agrietado de lado a lado.
Paso reuniones enteras sin escuchar una palabra. Las voces de los demás son solo un zumbido lejano, cubierto por el retumbar sordo de nuestros últimos intercambios. Veo bocas moverse, gráficos aparecer en pantallas, bolígrafos g