Fleure
No sé cuánto tiempo he estado así, inmóvil contra su hombro. El silencio ha cambiado de textura: se ha vuelto tibio, casi vivo. Solo el tic-tac discreto de un reloj al fondo del pasillo recuerda que el tiempo aún existe.
Aaron no se ha movido. Su respiración es lenta, medida, como si temiera asustarme. Siento el calor de su brazo a través de la tela de su camisa, ese calor que se insinúa suavemente en mi piel.
Pero cuanto más pasan los minutos, más una incomodidad se eleva en mí, no es m