Fleure
El coche desacelera y finalmente se detiene frente a las monumentales rejas de su dominio. Los altos portones de hierro forjado se abren lentamente con un chirrido que me da la impresión de cruzar una frontera invisible. Más allá, la mansión se erige, masiva, aplastante, iluminada por decenas de ventanas con destellos dorados. Una fortaleza. Una trampa.
Mi corazón late con fuerza en mi pecho. La noche ya me ha dejado sin aliento, pero siento que lo peor apenas comienza.
Aaron sale primer