LXXXIV

Edward deseaba el castigo con la misma intensidad con la que un converso desea la bendición, pero Catherine se lo dosificaba como una tortura refinada, manteniéndolo en el umbral del deseo y el desprecio, obligándolo a presenciar cómo otros hombres, inferiores en rango y fuerza, disfrutaban del contacto que a él le estaba vedado.

Aun así, la naturaleza humana de Edward lo traicionaba ante los sentidos agudizados de los inmortales que habitaban

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