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— ¡Karol! —su voz me hizo recordar aquellos momentos del pasado.

— ¡Román! —no pude evitar demostrar mi alegría.

Nos abrazamos. Sus brazos. Mis brazos. Nos fundimos de una forma tan agradable y repentina. ¿Cómo era posible que el estuviera aquí?

— ¿Cómo me encontraste? Digo, es que fue más rápido de lo que pensé.

Él vestía su playera negra, pantalones de mezclilla oscura desgastada y su tatuaje en el brazo. ¡El bravucón estaba aquí!

— ¿Pensaste que no te encontraría? —pregunto con tono de inspección.

—Si. Pensé que te costaría trabajo.

Él bajo la mirada unos segundos.

—Pues no fue tan difícil. ¡Tú nuevo amigo es muy popular! Todo el mundo lo reconoce —hizo una pausa tenue—. Ese día cuando escapaste con él, yo los vi. Después encontré una fotografía suya en un anuncio e incluso saliste en la t

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