La tensión en la habitación era tan densa que podría cortarse con un cuchillo. Dante, con los ojos ardiendo de furia, miró fijamente a su hermana.
— Dina —gruñó, su voz temblando de rabia — ¿Aun así te casarás con ella? ¡Por Dios, es una Coldwell! ¡Son nuestros enemigos!
Dina, con el corazón latiendo furiosamente, miró de Tanya a sus hermanos. El amor y el deber familiar libraban una batalla feroz en su interior.
— Yo... —dijo, con su voz quebrándose.
Tanya, con lágrimas en los ojos, tomó la ma