Egan
Habíamos despegado hace varios minutos, nos encerramos en la habitación una vez ingresamos al jet. Eran las tres de la mañana, estaba cansado, pero con lo provocadora que había estado mi mujer, no veía la hora de hacerle el amor como mi esposa.
Besé su cuello mientras le bajaba el cierre del vestido de novia. —Amaba tanto el tono de piel de Eugenia, que además era muy suave, fui dejando besos a lo largo de su espalda a medida que el vestido descendía. Quedé arrodillado con su bello trasero