Me miró por encima del hombro, evidentemente nervioso al ver aquel alboroto en su compañía.
— Cuando llegamos aquí, un vehículo irrumpió en el lugar justo después de que entráramos en el aparcamiento. Había tres hombres armados e intentaron matarnos. Por suerte, tengo buena seguridad y mi coche es blindado, de lo contrario yo, Dylan y...
— ¡Dios del cielo!
Volvió a cambiar. Pero sus ojos seguían fijos en la pantalla del portátil.
— ¿Hicieron ellos? Dice la verdad. No dejaré que se salgan con la