Me aprieta entre sus brazos haciéndome sentir el poder del calor y la acogida, que sólo una madre puede transmitir a su hijo. Necesitaba alimentarme de su amor, no sé qué vendrá después.
— Te echo de menos, hija.
— Yo también te echo de menos, mamá.
— ¿Nos vamos, Lis? — Adriel me apura una vez más.
— Un momento, Adriel. — replico molesto al ver su expresión de enfado.
Tras despedirnos de ellos nos dirigimos a mi padre, con él no hubo ceremonia, tras unos apretones de manos salimos a toda prisa,