Isla comía su sándwich de atún en silencio, con la mirada fija en el plato como si el resto del mundo hubiera dejado de existir. Tenía la cara pálida y se veía cansada, despojada de toda emoción. Ni siquiera se inmutó cuando las empleadas se movían a su alrededor para servirle más comida. Lo único que le importaba en ese momento era su alimento: un bocado tras otro, lento y pausado.
Frente a ella, Diana la observaba. Cada pequeño movimiento de la cuchara de Isla le encogía el corazón; no podía a