Los aplausos seguían sin apagarse. Eran tan fuertes que llenaban el gran salón de una energía que Mercy nunca había sentido. Estaba de pie junto a Gabriel, con el pecho agitado mientras intentaba calmarse.
Aún tenía los ojos húmedos; todo la abrumaba. No podía creer que Gabriel la hubiera presentado así.
El modo en que se plantó frente a todos y, sin titubear, la declaró parte de la familia Wyndham le aceleró el corazón.
Jamás había imaginado que algo así pudiera pasar. Tener a Aurelian cerca ta