En las oficinas de Casa Wyndham, Jeff tenía el teléfono de Isla en la mano. Ya sabía que era el director general quien llamaba, la única razón por la que se había atrevido a contestar. Pero ahora, tras escuchar el tono áspero de Gabriel, deseaba no haberlo hecho.
—Disculpe, señor. Soy Jeff, pero Isla…
—¿Isla? ¿Acabas de llamar a mi esposa por su nombre? ¿Cómo te atreves? —la voz de Gabriel fue tajante.
Jeff tragó saliva, paralizado por el miedo.
—Con todo respeto, señor, no sé de qué habla. Le doy el teléfono a su esposa. Por favor, espere un momento —su voz se mantuvo cortés, aunque le sudaban las manos.
Pero antes de que Jeff pudiera moverse, Gabriel colgó. El clic seco al otro lado de la línea lo dejó paralizado con el teléfono en la mano.
***
Al anochecer, todo en Casa Wyndham estaba casi listo. Originalmente, el equipo había reservado un lujoso resort para el lanzamiento. El costo del lugar por sí solo se acercaba a los cien millones. Pero en cuanto Isla se enteró, canceló el plan