Carl no abrió la boca. No se movió. Su cuerpo se tensó bajo el contacto de Delphine, como si librara una guerra interna. Todavía sentía los labios de ella en la boca, pero él se negaba a responder.
Delphine lo sintió enseguida.
Se apartó despacio y lo miró fijamente, con obvia sorpresa. Este no era el Carl que ella conocía. El Carl al que siempre había controlado, el Carl que haría cualquier cosa con tal de mirarla a los ojos, con tal de tocar su piel, ese Carl ahora estaría saltando de alegría.