Assian elevó un hombro sin darle mucha importancia a aquello y salió del sitio de su caballo.
Kabir llamó a otros peones y entre todos comenzaron a mover el heno para los forasteros.
Assian salía del establo cuando un estremecimiento lo recorrió.
¡Olía a ella!
Y era imposible. La fierecilla que lo había engatusado, usado y luego abandonado estaba lejos, muy lejos.
Demasiado lejos. Además, allí en el establo solo había hombres.
Assian abandonó el establo, pateando una piedra del suelo. Tal vez y