Alessia:
Reposo recostada sobre el fuerte pecho de mi esposo, mientras ni otro esposo acaricia mi espalda, somnoliento.
Karman acaricia mis cabellos, y besa mi frente, con lentitud.
—¿Realmente me has perdonado?- murmura. Y su pecho vibra.
—Ya ves que sí.
—Pero yo te encadené. Y te forcé a pelear. Luego te forcé a ser mía, y por último te envié a morir.- protesta con voz entrecortada.- no merezco tu perdón, forastera. Sino tu odio.
—Lo sé. Sin embargo no podemos luchar contra lo que somos.