El viejo doctor, al verme entrar de nuevo, se mostró molesto y me dijo directamente: —Ya te dije que esperaras la llamada, ¿por qué has vuelto a entrar?
Yo también estaba bastante molesto, así que le respondí sin rodeos: —Pero ni siquiera anotaste mi número, ¿cómo esperas llamarme?
El médico se quedó sin palabras y su rostro se tornó al instante enrojeció del enojo.
—Creo que no eres adecuado para nuestro hospital, así que vete de inmediato.
Eso me enfureció aún más, y le dije: —Yo soy graduado