Me recompuse un poco y luego atendí la llamada de mi cuñada.
Tal como esperaba, me preguntó: —Óscar, ¿dónde te metiste? ¿Por qué no has vuelto todavía a estas horas?
Le dije todo lo que había pensado antes.
Mi cuñada me creyó por completo; jamás se imaginaría que podría mentirle.
—Entonces vuelve pronto, ya casi son las tres de la madrugada.
—Está bien, no me demoro.
Después de colgar, Luna volvió a acercarse a mí, abrazándome con fuerza.
—Óscar, no quiero que te vayas.
No esperaba que Luna real