Nos miramos a los ojos, ambos con las caras completamente rojas.
Sentía una vergüenza abrumadora.
Había sido descubierto masturbándome con frenesí por Luna una vez más.
¡Qué situación tan bochornosa!
Y lo peor de todo, era que esta vez lo había hecho en su casa, en su cama, bajo la manta que ella misma había usado para ese mismo fin.
Pensé que seguro me echaría una bronca monumental.
Sin embargo, para mi sorpresa, Luna no reaccionaba.
Eso me hizo sentir aún más nervioso.
Mi voz temblaba cuando h