El toque de las manos grandes de Eric sobre el pequeño cuerpo de Luna la hacía sentir un intenso placer y una incomodidad que no podía evitar.
Hacía tanto tiempo que no había tenido un momento tan íntimo con Eric que, de no ser así, no habría tenido el suficiente valor de tocarme en la mañana, como lo hizo en secreto.
¿Y Eric?
Sin dudarlo, deslizó la mano bajo la falda de Luna.
Sintió la suave humedad que había dejado en sus muslos, lo que solo lo excitó aún más.
—Vamos al hotel de al lado, ¿sí