Me levanté apresurado del sofá.
Me sentía culpable, como si realmente hubiera hecho algo malo, y tenía miedo de que mi hermano notara algo raro, por eso ni siquiera me atreví a mirarlo a los ojos.
—Óscar, aquí tienes una llave de la casa, para que puedas entrar cuando quieras.
—La verdad, soy un despistado. Te dejo quedarte en casa y olvidé darte una llave, haciendo que te quedaras fuera sin poder siquiera entrar.
Al escuchar lo que decía mi hermano, mi sentimiento de culpa aumentó aún más.
Él m