—¿Qué cosa? — preguntó Paula, de manera intencionada.
Supe que Paula estaba otra vez haciéndome una broma, le encantaba verme sonrojarme, disfrutar de mi vergüenza.
—Paula, ya deja de jugar conmigo, sabes perfectamente a qué me refiero, ¿no es así?
—No tengo idea, ¿por qué no me lo dices tú?
Mientras miraba el rostro radiante y lleno de vida de Paula, reuní el suficiente valor y, con determinación, la atraje hacia mí una vez más, abrazándola con fuerza.
—Si vuelves a intentar seducirme, haré el