—Bueno, bueno, ya basta de discutir ustedes dos, vamos de una vez o vamos a ver el amanecer aquí, — dijo Luna, finalmente interviniendo para calmar un poco el ambiente.
Paula, sin embargo, continuó aferrada a mi brazo, negándose a soltarme.
Podía sentir claramente mis brazos atrapados entre sus voluminosos y provocativos pechos, y, la verdad, era una sensación bastante agradable.
Si soy sincero, estaba disfrutando al máximo este momento.
Con Paula no tenía que preocuparme tanto, ni pensar en cad